en un sentido general, el humo está compuesto por una mezcla de gas, vapor de agua y partículas diminutas que expulsan un elemento cuando están en combustión o se calientan a una temperatura muy alta. La composición del humo del tabaco es compleja, ya que depende del tipo de tabaco (rubio o negro), los aditivos y el modo de consumo. Se han identificado más de 4.000 sustancias en el humo de un cigarrillo. En su fase gaseosa, contiene entre un 10% y un 15% de dióxido de carbono, entre un 3% y un 6% de monóxido de carbono, entre un 0,1% y un 0,2% de ácido cianhídrico, y compuestos orgánicos volátiles (entre un 1% y un 3%), como aldehídos, cetonas e hidrocarbonos. En su fase sólida, presenta sustancias carcinogénicas, irritantes, metales, radicales libres y nicotina.
El humo de un cigarrillo contiene numerosas sustancias venenosas (alquitrán, nicotina, amoniaco, monóxido de carbono, benceno, acroleína, etc.) que no sólo afectan al fumador, sino también a su entorno. La adicción al tabaco (activa o pasiva) provoca cáncer de pulmón, boca, laringe, garganta, riñón, cuello del útero e intestino, así como ataques cardíacos, problemas de circulación sanguínea, ataques de apoplejía y accidentes cerebrovasculares, infartos, enfermedades pulmonares, bronquitis crónicas, enfermedades periodontales y problemas de salud bucal.
El programa europeo HELP para luchar contra el hábito del tabaco puede proporcionarle mucha información y apoyo para dejar de fumar.
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